Se destruyó una estructura paramilitar en Pitiquito que extrayó oro bajo vigilancia de sicarios, en medio de presiones y conflictos con carteles rivales.
En el municipio de Pitiquito, en Sonora, una operación de seguridad reciente logró desmantelar una mina controlada por grupos criminales dedicados a la extracción de oro, con una producción estimada de aproximadamente un kilogramo diario. La mina era utilizada por una banda armada que operaba bajo la protección de sicarios y contaba con un equipo de cerca de 50 trabajadores, en un entorno vinculado a la presencia de organizaciones delictivas locales y a la influencia de carteles nacionales.
Durante años, las autoridades mexicanas enfrentaron obstáculos y exigencias de sobornos por parte de diferentes actores, que retrasaron intervenciones hasta que, en septiembre de 2024, se llevó a cabo un operativo conjunto que resultó en la recuperación del control de la zona. La operación, apoyada por una decena de unidades militares y policiales, fue posible en parte gracias a la colaboración de un informante que proporcionó datos clave para localizar la mina y desactivar esta fuente de ingresos ilícitos.
La victoria fue parcial, pues tras la acción, el informante reveló vínculos con un cártel alterno, conocidos como “Los Salazar”, que ahora exigen un porcentaje de las ganancias para garantizar su protección. Uno de los propietarios, Alejandro Sánchez, también sufrió un intento de ataque en el que resultado ileso, y ha pedido apoyo al gobierno para seguir operando la mina de manera legal y segura.
Actualmente, la extracción en la mina se ha reactivado con cerca de 30 trabajadores, incluidos jóvenes del orfanato donde Sánchez creció y que ahora apoya con parte de sus beneficios. Este proyecto representa un acto de reconciliación personal para Sánchez, quien busca transformar una historia marcada por conflictos y violencia en una oportunidad para contribuir a su comunidad, garantizando sustentabilidad y apoyo social.
