La situación para Rubén Rocha Moya, ex gobernador de Sinaloa, y el senador Enrique Inzunza es tensa. Ambos están bajo la mira de la Interpol y enfrentan palabras de captura del gobierno estadounidense por narcotráfico. Sin embargo, parecen mantener una confianza inusitada en su protección.
Rocha Moya y Inzunza parecen sentirse resguardados en Culiacán y Badiraguato, áreas donde la policía estatal es cuestionada por sus posibles vínculos con el crimen organizado. El mandatario en funciones, Andrés Manuel López Obrador, ha prometido que no entregará a estos políticos, lo que refuerza su sensación de seguridad.
Recientemente, Inzunza fue visto socializando en un club exclusivo de Culiacán. Esa reunión con el exgobernador Javier Corral indica que, a pesar de la acusación que lo rodea, no teme participar en actividades públicas. Corral ha declarado que no hay motivos para esconderse y que su encuentro fue claro y directo.
La presión sobre ellos aumenta, especialmente tras la advertencia del gobierno de Estados Unidos acerca de una lista de narcotraficantes mexicanos, que podría incluir a más funcionarios. Este clima de incertidumbre genera dudas entre sus compañeros senadores, quienes se cuestionan su posible regreso a la Cámara antes de que se cumpla el ultimátum de las autoridades estadounidenses.
En medio de estas tensiones, el contexto de la economía mexicana también complica la situación. La reciente contracción del 0.8% en el PIB y el aumento de la deuda han suscitado un ambiente de nerviosismo en el gobierno. A esto se suman los constantes enfrentamientos del Cártel de Sinaloa, lo que mantiene en vilo tanto a la ciudadanía como a la administración federal.
Con información de tvazteca.com

