Las recientes acusaciones desde Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, han debilitado la imagen de Morena y generado incertidumbre en la sucesión política del estado. Este escándalo ha desatado un ciclo de desgaste político que complica la preparación de candidatos fuertes para las elecciones de 2027.
La vinculación de Rocha Moya con supuestos nexos con el narcotráfico ha representado uno de los mayores retos para el partido, fundado por Andrés Manuel López Obrador. La respuesta inicial del oficialismo, que buscaba desestimar los señalamientos, se ha transformado en un creciente escepticismo y desconfianza hacia los líderes locales de Morena.
Encuestas recientes indican que un 46.5 por ciento de los encuestados considera que las acusaciones impactan significativamente la imagen del partido. La oposición ha capitalizado este tema, como lo hizo Ricardo Anaya al señalar que los vínculos entre autoridades y grupos criminales en Sinaloa no son meras especulaciones, sino situaciones preocupantes que deben ser atendidas.
La situación es particularmente crítica en Sinaloa, donde el impacto del caso ha dejado a Morena sin líderes competitivos para las próximas elecciones. Rubén Rocha Moya, junto con otros políticos como el senador Enrique Inzunza y el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez, ha visto cómo sus posibilidades de éxito se desvanecen debido a los señalamientos en su contra. Esto también afecta a mujeres líderes dentro del partido, como Imelda Castro y Graciela Domínguez.
Más allá de la crisis interna, la nueva dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, ha formulado un llamado a los aspirantes a candidaturas para que demuestren un historial limpio y libre de corrupción. La ausencia de perfiles fuertes podría obligar a Morena a considerar ceder su candidatura a aliados en un contexto donde se elegirán 17 gubernaturas en 2027.
Con información de quinto-poder.mx

