La organización mantiene sus rutas a pesar de operativos y persecución, apoyada por una red de cómplices y cambios en su estrategia de transporte
El Cártel de Sinaloa sigue ingresando fentanilo a Estados Unidos, pese a los operativos y la persecución de las autoridades mexicanas y estadounidenses. La organización mantiene sus rutas de tráfico mediante una red de “mulas”, vigilantes y funcionarios cómplices, según una investigación de The New York Times difundida este sábado.
El reportaje detalla que el fentanilo se empaqueta en talleres en Culiacán, Sinaloa, y se traslada en vehículos discretos hacia la frontera de Nogales, Sonora, para su ingreso a Arizona. Desde allí, el narcótico llega a California, donde se vende en las calles. La organización ha tenido que ajustar su estrategia ante un aumento en decomisos y un conflicto interno tras el secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada y la persecución en México.
Debido a los refuerzos en la vigilancia, los cargamentos ahora son más pequeños y mejor camuflados, en autos comunes y en compartimentos ocultos. Uno de los métodos documentados es introducir seis kilos de fentanilo en un tubo soldado en la puerta de un vehículo, rociado con líquidos con olor a cloro para dificultar la detección.
El transporte desde Culiacán hasta Nogales abarca aproximadamente 800 kilómetros. Los traficantes acompañan los vehículos con otros autos que alertan sobre puntos de vigilancia y puntos de control militares, en los que suelen sobornar a los soldados. En un caso, se reportó un “retén militar mexicano” que fue solventado mediante soborno, según el conductor del cargamento.
A unos 80 kilómetros de Tucson, la ciudad estadounidense de destino, la carga fue detectada por las autoridades, pero el conductor recibió una advertencia de un colaborador en Estados Unidos, que permitió el paso en varias ocasiones a cambio de sobornos. El mismo conductor afirmó que una vez en Tucson, entregó la droga sin incidentes.
Las autoridades estadounidenses también han denunciado casos de corrupción interna; un ejemplo es Manuel Pérez, agente de la Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza, detenido en abril por permitir la entrada de drogas y migrantes en El Paso, Texas. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza afirmó que sus agentes “arriesgan sus vidas para proteger a la nación”.
Entre 2019 y 2024, las autoridades de Estados Unidos decomisaron más de 26,000 kilogramos de fentanilo en la frontera con México, principalmente en California, Arizona y Texas. La DEA estima que un kilogramo puede producir hasta medio millón de dosis y generar más de 600,000 dólares en el mercado minorista estadounidense. La producción en México cuesta alrededor de 800 dólares por kilogramo, considerando precursores químicos importados de Asia.
El informe “National Drug Threat Assessment 2024” de la DEA indica que el consumo de fentanilo afecta principalmente a personas de 18 a 45 años en Estados Unidos, con más de 74,000 muertes por sobredosis en 2023. La demanda interna impulsa el tráfico, a pesar de los esfuerzos en control y prevención en la frontera.
Este flujo transfronterizo representa un desafío binacional en seguridad, salud pública y economía ilícita, que requiere estrategias coordinadas para reducir la producción, el tráfico y el consumo de esta droga.
