Ciudad de México. – Gonzalo “Bobby” López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, se encuentra en el centro de la controversia tras el descarrilamiento del Tren del Istmo, incidente ocurrido el domingo pasado que cobró la vida de trece personas.
López Beltrán, quien fue designado supervisor de la obra, enfrenta cuestionamientos por supuestos vínculos con Pedro Salazar, proveedor del balastro, material crucial para la seguridad de las vías ferroviarias y cuya calidad deficiente podría haber contribuido al accidente.
Informes periodísticos señalan una posible conexión entre López Beltrán y Salazar. Sin embargo, fuentes cercanas al supervisor afirman que el material suministrado fue adecuado y de buena calidad, desviando la atención hacia la Secretaría de Marina, responsable de la obra, a la que acusan de haber vendido parte del balastro original y sustituido el faltante por materiales de menor calidad.
Las declaraciones de personas cercanas a López Beltrán sugieren que la escasez de balastro llevó a la Marina a venderlo, implicando una falla en la gestión de la dependencia. Estas acusaciones intensifican las críticas hacia el almirante Rafael Ojeda Durán, exsecretario de Marina, quien previamente había enfrentado señalamientos por otros escándalos.
La situación genera incertidumbre en el Gobierno federal respecto al origen del balastro utilizado en el Tren del Istmo. A diferencia del Tren Maya, donde se confirmó la adquisición a una empresa cubana, la información sobre el Tren del Istmo es opaca, clasificada como “seguridad nacional”.
Este incidente podría impactar las relaciones internacionales, particularmente con Estados Unidos, país que ha promovido la participación de sus empresas en el Corredor Interoceánico y ha buscado limitar la inversión china en la obra.
