Ciudad de México. – El próximo año 2026 marcará no solo la revisión del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), sino también un punto de inflexión geopolítico comparable a la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) a principios de los años 90. En aquel entonces, la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría auguraban un orden mundial unipolar liderado por Estados Unidos. Hoy, nos aproximamos a la revisión del T-MEC en un contexto radicalmente distinto: el declive de la "pax americana" y el surgimiento de un mundo multipolar. La era de unipolaridad estadounidense, que inició tras la Guerra Fría, se caracterizó por un liderazgo global y avances significativos para la humanidad. Sin embargo, se observa un distanciamiento de Washington de las instituciones multilaterales que ayudó a fundar. La doctrina de seguridad nacional actual de Estados Unidos enfatiza la "paz a través de la fuerza" y el retorno a las esferas de influencia, priorizando la estabilidad del hemisferio occidental para prevenir migraciones masivas y asegurar la cooperación contra el narcoterrorismo. Esta nueva "doctrina Donroe" (una fusión de Donald Trump y James Monroe) implica una política exterior más asertiva en América Latina, donde Washington no tolerará la presencia de otras potencias en actividades estratégicas, un claro mensaje a China y Rusia. Las lecciones para la región son claras: el enfrentamiento directo con la Casa Blanca resulta costoso, mientras que la alineación ideológica y la cooperación anticipada a las peticiones estadounidenses, como en los casos de México y El Salvador, pueden ser beneficiosas. Tanto la gestión de la migración en tránsito como la lucha contra el fentanilo han colocado a México en una posición de trato diferenciado, al igual que Brasil, debido a su tamaño e importancia estratégica. La diplomacia mexicana enfrentará un año complejo en 2026, requiriendo una estrategia aguda para navegar las complejidades de la relación
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