La postura de funcionarios frente a declaraciones polémicas revela patrones de silencio y doble moral en México La violencia política por razón de género sigue evidenciando una doble moral en el escenario mexicano. En un día emblemático para la lucha contra la violencia hacia las mujeres, en el que se conmemoró el 25 de noviembre, un acto en el pleno del Senado generó preocupación por la pronta reacción de algunos actores políticos. Un legislador de Morena emitió calificativos ofensivos hacia una alcaldesa que pedía justicia por el asesinato de su esposo, lo que fue interpretado como una expresión de violencia de género en su máxima expresión. La indolencia de otros personajes, incluyendo a la presidenta del Senado y al gobierno federal, refleja una tendencia persistente a evitar condenar públicamente conductas agresivas al interior de las instituciones. Históricamente, episodios similares de ataques y comentarios sexistas han quedado sin una condena clara, lo que fortalece la percepción de impunidad. La falta de una respuesta contundente socava los esfuerzos del movimiento feminista, poniendo en duda el compromiso real por erradicar la violencia contra las mujeres en el ámbito político y social. La necesidad de que las autoridades y actores políticos actúen con firmeza nunca ha sido tan apremiante para avanzar hacia una cultura de respeto y igualdad.
