Desde Salinas hasta Sheinbaum, el empresario ha adaptado sus vínculos políticos para consolidar su influencia y fortuna en diferentes sexenios.
Carlos Slim Helú ha demostrado una sorprendente capacidad de adaptación a los distintos gobiernos que han dirigido México a lo largo de las décadas, lo que le ha permitido mantenerse como uno de los empresarios más influyentes y acaudalados del país y del mundo. A lo largo de su trayectoria, su relación con el poder ha fluctuado, desde vínculos estrechos con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en los años ochenta hasta su cooperación con los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, quienes facilitaron el crecimiento de sus negocios en telecomunicaciones, infraestructura y otros sectores estratégicos. Durante la administración de Enrique Peña Nieto, las tensiones aumentaron debido a reformas regulatorias que afectaron su grupo empresarial, especialmente en telecomunicaciones. La llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder en 2018 marcó un nuevo capítulo, fortaleciendo nuevamente su relación con el gobierno, particularmente en proyectos como el Tren Maya y en la recuperación del Centro Histórico de la Ciudad de México. En el actual mandato de Claudia Sheinbaum, Slim ha mantenido encuentros y ha contratado importantes obras públicas, evidenciando que su influencia trasciende los cambios de régimen y partidos políticos. La trayectoria del magnate revela un patrón de alianzas pragmáticas, donde su posición económica y liderazgo en sectores clave le confiere una relevancia que va más allá de las afinidades ideológicas, siendo un actor fundamental en la política y economía mexicanas.
