El país ha desarrollado una estrategia científica y coordinada que ha sido adoptada por otras naciones del hemisferio para abordar el fenómeno natural que afecta la región.
México, especialmente Quintana Roo, ha consolidado su papel como referente internacional en la gestión del sargazo, una proliferación de algas que cada año afecta las zonas turísticas del Caribe. La estrategia integral creada en 2023, con la participación de más de 60 expertos de instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México y dependencias federales, ha sido reconocida por su enfoque científico y su coordinación con comunidades locales. Países vecinos, como República Dominicana, han adaptado esta medida a sus propias condiciones, consolidando a México como un ejemplo en la región para enfrentar esta problemática medioambiental.
El fenómeno ha llegado a niveles históricos en 2025, con una acumulación de alrededor de 50 millones de toneladas de sargazo en el Atlántico, duplicando los registros de años anteriores. Sin un evento climático extremo como un ciclón, los científicos advierten que este récord podría superarse antes de concluir el año. En Quintana Roo, acciones como la utilización de barreras sargaceras y la recolección masiva han mitigado en parte su impacto, aunque la presencia del alga sigue representando un desafío significativo para el turismo y las comunidades costeras.
El fenómeno no conoce fronteras y se ha convertido en una crisis regional que afecta países isleños y áreas costeras en toda el Caribe, que enfrentan desde cierres de playas hasta daños en ecosistemas marinos. Para contrarrestarlo, diversas naciones están explorando soluciones innovadoras, como el aprovechamiento del sargazo para producir bioplásticos, fertilizantes y energía. En la reciente COP28, un frente internacional busca fortalecer la cooperación en investigación y estrategias conjuntas para afrontar el problema desde su origen, en las costas africanas donde se inicia la proliferación.
Esteban Amaro, especialista en monitoreo ambiental, enfatiza que la clave para solucionar la crisis pasa por una acción coordinada que involucre tanto la prevención en las zonas de origen como la gestión en las costas afectadas, enfatizando la importancia de la colaboración internacional para convertir este reto en oportunidad.
