Cómo las estrategias del gobierno mexicano reflejan mecanismos similares a regímenes autoritarios históricos A lo largo de la historia, los regímenes con vocación autoritaria han recurrido a diferentes mecanismos legales y extralegales para consolidar su poder. Aunque los contextos históricos y culturales varían, existen elementos comunes que evidencian una misma pulsión: la intención de eliminar los contrapesos institucionales, suprimir las voces críticas y perpetuar un poder sin rendición de cuentas. La aprobación de la Ley Habilitante en Alemania en 1933 por el régimen nazi y los métodos que ha desarrollado el gobierno de la Cuarta Transformación en México comparten en su esencia una preocupante afinidad: la voluntad de suprimir la pluralidad democrática. La Ley Habilitante (Ermächtigungsgesetz) fue la pieza legal clave que permitió a Adolf Hitler legislar sin la intervención del Parlamento. Aunque fue aprobada mediante procedimientos legales y dentro de una estructura republicana, el contexto en que se dio estuvo marcado por intimidaciones, represión a opositores y un fuerte control de los medios de comunicación. Con esa ley, el régimen nazi desmanteló la democracia alemana desde adentro, valiéndose de herramientas legales y una narrativa populista para justificar sus acciones. Actualmente, en México, aunque no existen campos de concentración ni una maquinaria de guerra en marcha, los métodos de erosión institucional presentan un inquietante parecido estructural. Desde el inicio del sexenio, la Cuarta Transformación ha llevado a cabo un ataque sistemático contra diversos organismos autónomos: el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, el Instituto Nacional Electoral, la Comisión Federal de Competencia Económica, entre otros. Bajo el argumento de que son “gastos innecesarios”, “simulaciones” o “enemigos del pueblo”, el gobierno ha pretendido justificar su desmantelamiento. Esa narrativa, que disfraza su afán
