Tras décadas de dominio, el Partido Revolucionario Institucional enfrenta su declive más acelerado y solo mantiene dos gubernaturas en el país.
En el contexto político contemporáneo de México, el Partido Revolucionario Institucional experimenta un proceso de reducción territorial sin precedentes, que pone en duda su rol en la estructura gubernamental del país. Durante la segunda mitad del siglo XX, el PRI consolidó su hegemonía, controlando todas las entidades federativas y moldeando la política nacional. Sin embargo, a partir de 1991, una serie de derrotas y pérdidas de poder territorial marcaron su declive, culminando en la actualidad con solo dos gubernaturas en 2024, una disminución drástica respecto a su pasado dominador. Este proceso ha sido influenciado por la apertura democrática, la emergencia de nuevos actores políticos y el creciente interés por proyectos alternativos.
Este descenso también refleja una transformación en el escenario político mexicano, donde los partidos de oposición y los movimientos ciudadanos han ganado terreno, modificando el mapa electoral. La disminución de la participación del PRI en la toma de decisiones y el control territorial representa un reto para su supervivencia y el mantenimiento de influencia en la política nacional. En el ciclo electoral que se aproxima, el partido trabaja en alianzas estratégicas y en la búsqueda de candidatos que puedan mantener su presencia en los estados restantes, ante un escenario dominado cada vez más por fuerzas políticas distintas a su tradicional estructura.
Desde una perspectiva histórica, el declive del PRI evidencia cambios profundos en el sistema político de México, marcados por una transición hacia una mayor pluralidad y representatividad. La capacidad de adaptación del partido en los próximos años será clave para definir si logra reconfigurar su papel o si continúa siendo una fuerza marginal dentro del panorama político nacional.
