Ciudad de México. – La oposición en México ha expresado una profunda preocupación ante lo que describen como un “diseño generalizado” de acciones para silenciar a voces críticas y afectar la libertad de expresión en el país. El partido Acción Nacional (PAN) ha señalado que el cierre del año 2025 ha estado marcado por un “sabor amargo” y un diagnóstico sombrío respecto al ejercicio de las libertades fundamentales.
Según análisis internos de la cúpula blanquiazul, la libertad de expresión no ha sido prohibida por decreto, pero se ha “encarecido” mediante la introducción de riesgos judiciales. Fuentes cercanas al partido han indicado que se observa una evolución en las tácticas de censura, extorsión y acoso legal, orquestadas a través de fiscalías y juzgados que, presuntamente, estarían alineados para tales fines.
Se han presentado diversos ejemplos en diferentes estados, incluyendo Puebla, Veracruz y Campeche. La dirigencia del PAN ha alertado que esta tendencia, que consideran de carácter local, podría tener un diseño generalizado a nivel federal. A pesar del discurso oficial de “cero censura”, la oposición teme que estas prácticas puedan escalar, especialmente tras la reciente reforma judicial.
El presunto “asedio” no se limitaría a acciones legales, sino que también incluiría “hordas digitales” dirigidas contra disidentes. Organismos internacionales como Artículo 19 y Reporteros sin Fronteras han documentado un repunte en las agresiones contra periodistas, situando a México como uno de los países más peligrosos para el ejercicio del periodismo a nivel mundial.
Ante esta situación, se ha recurrido a instancias internacionales como la ONU para contrarrestar las presuntas violaciones, mientras se agotan las vías internas. La indignación colectiva es vista como una herramienta clave para evitar ceder ante un Estado que, según la oposición, estaría invirtiendo roles al culpar a los críticos de fallos gubernamentales, como el caso del tren interoceánico, calificado de “opaco y sobrepreciado”. La crítica persistente es considerada el antídoto necesario contra un “silencio complaciente”.
