Ciudad de México. – La máquina de coser de su madre, utilizada a escondidas a los 12 años, fue el preludio del ascenso de Olivia Trujillo, una costurera mexicana que, cinco décadas después, ha alcanzado la cima de la moda nacional al confeccionar los atuendos de Claudia Sheinbaum Pardo, la Presidenta de México. Reconocida por su estilo distintivo, Sheinbaum ha puesto los reflectores sobre la artesanía mexicana a través de las prendas creadas por Trujillo.
Trujillo, quien no cuenta con un título universitario pero se define como graduada de la vida, trabaja en un taller familiar en el sur de la Ciudad de México. Con 40 años de experiencia, transforma bordados de artesanos de todo el país en prendas que han marcado momentos clave en la trayectoria de la mandataria. Su labor no solo se centra en la costura, sino en dar forma a la visión de Sheinbaum, quien ha hecho del color morado su preferido.
Entre las creaciones más significativas de Trujillo se encuentra el vestido blanco roto que Sheinbaum lució durante su toma de protesta el 1 de octubre de 2024. Diseñado por Thelma Islas Lagunas y bordado por la artesana oaxaqueña Claudia Vásquez Aquino con más de 100 flores silvestres, este atuendo se convirtió en un símbolo de la primera mujer ocupando la silla presidencial.
La costurera también fue la responsable del vestido utilizado por Sheinbaum durante su encuentro con el entonces presidente Donald Trump en Washington, en el marco del sorteo del Mundial de Norteamérica 2026. Estas prendas, cargadas de significado cultural y político, han llevado la alta costura mexicana a escenarios internacionales.
El estilo de Sheinbaum, quien ha pasado de trajes sastre y mascadas a vestidos con bordados indígenas, ha sido destacado por The New York Times en su lista de las personas con más estilo. La publicación reconoce a la mandataria por dar visibilidad a la moda de las comunidades indígenas del país. Trujillo, por su parte, defiende que la Presidenta no necesita diseñadores extranjeros, pues México cuenta con talento local.
La labor de Trujillo no solo enaltece la moda mexicana, sino que también impulsa la economía de artesanos y costureros. Su taller familiar, donde ya colaboran sus nietas, asegura la continuidad de esta tradición, con la joven Isabella mostrando un gran potencial para seguir sus pasos y continuar la herencia de la costura.
