Oaxaca, Oaxaca. – El inicio de la Cuaresma marca un periodo de intensa actividad espiritual y cultural en Oaxaca, que se extiende durante 40 días y culmina en la Semana Santa. Las calles, templos y comunidades de la entidad se transforman, reflejando la riqueza de su tradición.
En la capital, el Templo de Santo Domingo de Guzmán se convierte en un centro clave para las celebraciones religiosas. Las procesiones en el Centro Histórico, acompañadas de música sacra y arreglos florales, combinan la estética barroca con la religiosidad popular, destacando la identidad oaxaqueña.
La Cuaresma no solo es un tiempo de oración, sino que también afecta la economía local. Los hábitos alimenticios cambian, elevando el consumo de pescados y mariscos. En el Mercado Benito Juárez, los vendedores ajustan sus productos a la temporada con platillos como empanadas de vigilia y caldo de habas, que son esenciales durante este periodo.
A medida que se acerca la Semana Santa, la actividad turística aumenta. Hoteles y servicios en Oaxaca se preparan para recibir a visitantes nacionales e internacionales que buscan disfrutar de la cultura y las expresiones religiosas del estado. Esto redefine la dinámica de la economía local durante la Cuaresma.
Más allá de su aspecto religioso, la Cuaresma en Oaxaca también refleja un profundo sincretismo cultural. Las prácticas indígenas se entrelazan con la tradición católica, generando expresiones únicas en el patrimonio cultural de la región. Estas celebraciones refuerzan los lazos comunitarios y permiten la transmisión de saberes entre generaciones, convirtiéndose en un espacio de cohesión social en un estado lleno de contrastes.

