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La historia del secuestro de Fernandito Bohigas Lomelí y su impacto en México en los años cuarenta

Por Redacción6 min de lectura
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La historia del secuestro de Fernandito Bohigas Lomelí y su impacto en México en los años cuarenta El 6 de noviembre de 1945, en la noche, sonó el teléfono en el departamento de los Bohigas Lomelí, una familia de clase acomodada que residía en la Ciudad de México y que se dedicaba al negocio de la ferretería. Ana María, la esposa, fue quien atendió la llamada de un hombre que no se identificó y fue directo en su advertencia: –Señora, es conveniente que retire los volantes que ha puesto en todas partes. Ella le respondió con curiosidad: –¿Para qué? El hombre insistió: –Ya se lo advertí, así no lo va a conseguir. Ana María le cuestionó con desesperación: –¿Entonces cómo? Ya sabe usted que necesito conseguir a mi hijo. Desde hacía más de un mes, Ana María Lomelí buscaba a su hijo, Fernandito Bohigas Lomelí, el menor de sus hijos, de apenas dos años, que fue sustraído cuando lo cuidaba un joven que hacía unas semanas había llegado a jugar con los niños del edificio alegando que su madre trabajaba cerca. La noticia del secuestro apareció en los periódicos, y las autoridades ofrecieron recompensas de 5 y 10 mil pesos para quien aportara información. A pesar de ello, en la línea telefónica, el hombre afirmó que él había secuestrado al pequeño en las escaleras del departamento en la colonia Juárez. Esa noche, Ana María le suplicó que le devolviera a su hijo y le preguntó: “¿Tú también eres padre?”, apelando a su instinto materno. –No soy padre y sólo quiero una cosa… dinero, –fue la respuesta tajante del desconocido. Ana María, intentando mantener la calma, pensó con serenidad y le explicó que entregaría el dinero en el momento en que recuperara a su hijo, asegurando que “si me pide la sangre mía, se la doy con tal de mantener a mi hijo”. El hombre le indicó que al día siguiente, a las dos de la tarde, debía acudir a la calle de Eliseo, esquina con Puente de Alvarado, en la contraesquina de una mueblería frente al Colegio Cervantes en San Cosme. Le instruyó: –Lleve usted un

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