Castilla-La Mancha ha tomado una importante decisión al reconocer 14 nuevas variedades de uva, una medida anunciada por el presidente regional, Emiliano García-Page. Esta regulación, publicada en el Diario Oficial, busca ajustar la producción vinícola a las tendencias actuales del mercado y a los desafíos del cambio climático.
La demanda de vinos ha evolucionado, favoreciendo variedades más ligeras y frescas, como los blancos y rosados, y reduce el interés por los tintos. Además, las condiciones climáticas extremas han impulsado a los viticultores a optar por uvas que presenten mayor resistencia a las altas temperaturas.
La nueva Orden 67/2026 modifica la anterior de 2018, y entre las variedades autorizadas se encuentran Benedicto, Calblanque, Calnegre, Carmolí, Gebas, Godello, Listán Prieto, Myrtia y Quípar. La mayoría son tintas, a excepción de Calblanque y Godello. Estas últimas están ganando popularidad entre los consumidores.
Algunos de los nuevos tipos, como Calnegre, Gebas y Myrtia, derivan de la variedad Monastrell combinada con otras, como la Cabernet Sauvignon y la Syrah, con características que las hacen más aptas para enfrentar el cambio climático. Mientras tanto, Benedicto, considerada una uva autóctona de gran importancia, se destaca por su adaptación a condiciones de sequía.
La regulación también menciona la inclusión de variedades blancas que deberán ser evaluadas antes de su autorización oficial. Estas incluyen Blanca del Tollo, Jarrosuelto, Mizancho, Montonera del Casar y Moscatel Serrano, algunas de las cuales han sido rescatadas por el Instituto de la Vid y el Vino de Castilla-La Mancha.
García-Page reafirmó que esta apuesta por nuevas varietales responde a la demanda del sector vinícola y permitirá diversificar la producción, alineándose con las tendencias de consumo en constante cambio.
Con información de eldiario.es

