La celebración, que moviliza a más de un millón de asistentes en Ciudad de México, fue inscrita en la lista global por su valor cultural y social.
La comunidad de Iztapalapa, en Ciudad de México, celebra desde hace más de 180 años una de las manifestaciones culturales más importantes de México: la representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. En 2024, esta tradición fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, elevando su estatus a nivel global y destacando su significado más allá del ámbito religioso.
Este viacrucis, considerado el más grande de México, congrega anualmente a millones de personas en una muestra de resiliencia, unidad y participación comunitaria. La festividad, que surgió en el siglo XIX como un acto de súplica para frenar una epidemia de cólera, ha evolucionado preservando sus valores históricos y culturales, integrando también principios de igualdad de género y derechos humanos en su organización.
El reconocimiento internacional permite fortalecer los esfuerzos por preservar esta tradición, mediante la recuperación de archivos históricos y la consolidación de los órganos responsables de su organización. La celebración no solo representa una práctica religiosa, sino también un ejercicio colectivo de identidad, historia y comunidad en un contexto urbano que ha enfrentado desafíos sociales y demográficos.
Este tipo de reconocimientos sitúan a México en un lugar destacado en el patrimonio cultural mundial, promoviendo la protección y valoración de expresiones que unen historia, cultura y comunidad, creando conciencia sobre la importancia de mantener vivas sus tradiciones para futuras generaciones.
La tradición de Iztapalapa, que ha perdurado desde 1833, sigue siendo un símbolo de cohesión socio-cultural en un barrio que encuentra en sus procesiones una vía para fortalecer vínculos sociales y culturales, además de atraer turismo y reconocimiento internacional.
