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El Tren Maya en su primer año: pérdidas de mil millones de pesos

El primer año del Tren Maya muestra pérdidas millonarias por gastos superados en más de 10 veces las ganancias, evidenciando desafíos financieros destacados.

Por Redacción1 min de lectura
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A pesar de generar modestos ingresos en ventas, el proyecto ha implicado gastos superiores a 10 veces su recaudación, evidenciando graves desafíos financieros.

El Tren Maya, inaugurado en 2023 en el sureste de México, enfrentó en su primer año operaciones con una realidad financiera adversa. Aunque en 2024 logró registrar ingresos por aproximadamente 275 millones de pesos provenientes de la venta de boletos y souvenirs, sus gastos totales de operación superaron ampliamente esa cifra, alcanzando los 2 mil 837 millones de pesos. Además, la inversión directa en construcción, que finalizó a finales de 2024, se estimó en más de 470 mil millones de pesos, representando casi medio billón de pesos en gastos de inversión pública.

Este contexto revela que, en términos financieros, el proyecto operativo no genera utilidad alguna. Para ser considerado sostenible, sus ingresos deberían superar significativamente los costos asociados, incluyendo la recuperación de la inversión inicial. La situación, además, subraya una problemática común en proyectos de infraestructura de alta envergadura destinados a impulsar el turismo y el desarrollo regional, donde los beneficios económicos pueden tardar años en materializarse o, en algunos casos, no compensar los altos costos de inversión.

El reto principal para el futuro del Tren Maya será justificar los subsidios otorgados por el gobierno federal, especialmente considerando que su uso principal sigue siendo el turístico, y en muchas ocasiones un servicio de lujo. Expertos en el sector ferroviario advierten que, a corto y mediano plazo, será indispensable una estrategia clara que refleje una relación equilibrada entre costos y beneficios, además de un análisis profundo sobre la viabilidad de mantener subsidios en un proyecto que, hasta ahora, presenta una relación negativa entre inversión y retorno.

Este escenario pone en evidencia la importancia de evaluar con rigor la rentabilidad y sostenibilidad de grandes inversiones públicas en infraestructura, en un contexto donde la prioridad debe ser maximizar el beneficio social y económico para el país.

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