La falta de obras hidráulicas y las fuertes lluvias generan pérdidas millonarias en el sector rural, afectando también la recaudación estatal.
La persistente problemática de inundaciones en el centro y noroeste de la provincia de Buenos Aires genera una alarmante proyección para 2026, con una pérdida estimada de 2.000 millones de dólares en ingresos agrícolas. La inacción en obras hidráulicas, especialmente en la Cuenca del Salado, ha resultado en que aproximadamente 3.8 millones de hectáreas queden fuera de producción, afectando directamente a cultivos de soja y maíz, cuya siembra representa una parte esencial del ciclo agrícola local.
Este deterioro no solo impacta a los productores, sino que también pone en riesgo la recaudación fiscal, dado que en esa región la autoridad recaudante recibe más de 1.000 millones de dólares anuales en retenciones. La falta de inversión en infraestructura agrava la situación y contribuye a una problemática que, si no se aborda, podría tener efectos económicos severos. La creciente preocupación se refleja en el malestar del sector agrícola, que denuncia una omisión en la ejecución de obras esenciales, pese a los recursos disponibles y heredados de impuestos específicos destinados a controlar las inundaciones.
Expertos y productores coinciden en que una solución integral, que incluya el cumplimiento de obras planificadas para el río Salado, es imprescindible para evitar un colapso económico en el sector rural y garantizar la sostenibilidad agrícola en los próximos años.
