La autoconstrucción prolongada y los problemas estructurales en viviendas incompletas afectan la seguridad y bienestar de muchas familias mexicanas.
En México, una gran parte de la población enfrenta el reto de construir su hogar de forma autónoma, destinando en promedio entre 15 y 20 años en completar sus viviendas. Este proceso, conocido como autoconstrucción progresiva, surge principalmente por las limitaciones económicas de las familias de bajos ingresos, que dedican solo una tercera parte de su salario a la edificación de su vivienda. Durante este tiempo, muchas viviendas permanecen en estado de obra gris, lo que incrementa los riesgos estructurales, como filtraciones, humedad y fallas en la estabilidad, al carecer de elementos de refuerzo y correcto acabado. Además, la falta de normativas claras y la utilización de instalaciones eléctricas improvisadas aumentan los peligros de incendios y accidentes. En los últimos años, los precios de materiales básicos como acero y tabiques se estabilizaron, lo que ha incentivado a las familias a continuar con sus construcciones. Sin embargo, la persistencia de viviendas incompletas en zonas urbanas y suburbanas mexicana refleja los desafíos económicos y sociales que enfrentan muchas familias, poniendo en evidencia la necesidad de políticas públicas que impulsen soluciones habitacionales de calidad y accesibles.
