La suspensión de conectividad internacional y limitaciones estructurales ponen en duda el crecimiento y la autosuficiencia del aeropuerto de Santa Lucía, impactando su proyección como centro logístico.
Desde su apertura en 2022, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) fue diseñado para convertirse en un eje clave de conectividad internacional, atrayendo vuelos de carga y pasajeros desde diversas regiones del mundo. Sin embargo, recientes decisiones regulatorias y la suspensión de rutas aéreas de Estados Unidos han reducido significativamente su operatividad, alimentando dudas sobre su viabilidad futura. La Autoridad de Aviación Civil de Estados Unidos justificó la medida en cuestiones regulatorias y de armonización con acuerdos bilaterales, pero también se vislumbra un trasfondo político que influye en el proceso.
El impacto en la carga y operaciones del AIFA se ha reflejado en una caída del volumen de cargas movilizadas en septiembre y en los primeros nueve meses del año, cifras que además contrastan con el crecimiento del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Analistas señalan que estas restricciones alientan la dependencia de apoyos públicos para mantener la operación del aeropuerto y que, sin una estrategia clara y conexiones terrestres eficientes, su atractivo como hub internacional seguirá siendo limitado.
La falta de una política aeronáutica a largo plazo y la incertidumbre en las negociaciones bilaterales complican aún más el panorama del AIFA. Expertos sugieren que, por ahora, el aeropuerto podría enfocarse en un mercado doméstico más restringido y explorar alianzas internacionales para fortalecer su oferta de servicios, especialmente en carga. La necesidad de una visión estratégica y de incentivos que mejoren la conectividad será crucial para definir su futuro como una pieza relevante en la logística aérea de México.
