Ciudad de México. – La conformación y preservación de redes de colaboración entre comunidades campesinas para el intercambio de semillas de maíz, frijol, calabaza y otros cultivos son esenciales para garantizar la sostenibilidad ante fenómenos como el cambio climático y la actividad en el campo. Esta afirmación fue compartida por investigadoras de la UNAM durante el Coloquio de Agroecología, Cambio Climático y Educación Ambiental.
Karol Hernández Rodríguez, del Programa Universitario de Bioética, destacó que durante su trabajo con grupos indígenas en Chiapas observó que los granos de semillas poseen significados y valores culturales, materiales, espirituales y políticos de gran relevancia para los pobladores. Estos granos forman parte de mitos fundacionales, son alimento de subsistencia, aseguran continuidad histórica y, a través de redes de colaboración, su uso establece compromisos morales intergeneracionales, además de ser un elemento político en la construcción de vidas dignas y autónomas.
Las poblaciones actualmente perciben riesgos debido a los organismos genéticamente modificados, los derechos de propiedad intelectual, el poder corporativo y el cambio climático, lo que impulsa el fortalecimiento de sus redes de trabajo para preservar su autonomía.
En el mismo encuentro, Rosa María Larroa Torres y Laura Rodas Sánchez, profesoras de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, presentaron un análisis del programa Altépetl Bienestar en Milpa Alta, considerado una alternativa desde la política pública. Este programa se inscribe en una corriente de acciones rurales latinoamericanas que buscan reconstruir el vínculo entre desarrollo y sustentabilidad ecológica, revalorizando al campesinado como actor estratégico, cuyo trabajo en la ciudad tiene una relación directa con la sostenibilidad de la misma.
Rodas Sánchez señaló que el éxito de estas iniciativas dependerá del fortalecimiento de sistemas campesinos autónomos que soporten los procesos de labor más allá del subsidio estatal, así como de la continuidad política y presupuestal, y la coordinación interinstitucional. Sin embargo, existen limitaciones, como la dependencia de numerosos productores a las aportaciones gubernamentales, lo que dificulta la consolidación de formas autónomas de organización económica.
A pesar de estos desafíos, se trata de una estrategia gubernamental relevante que puede redefinir la política pública rural a partir del arraigo territorial y la justicia socioambiental, contribuyendo a sostener formas de vida campesina en entornos urbanos.
Por su parte, Ayari Genevieve Pasquier Merino, investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, compartió hallazgos de su investigación sobre la producción de semillas libres y agroecología en Xochimilco. Observó una disminución en el flujo de semillas existentes, incluso en espacios de resistencia, lo que lleva a que las variedades sean definidas por la demanda del mercado.
Esto ocurre a pesar de los impulsos institucionales y de la sociedad civil por transformar prácticas de manejo y recuperar territorios. En algunos casos, la preservación de semillas ha quedado rezagada, ya que la producción agroecológica tiende a priorizar la compra de plántulas. Ante este escenario, Pasquier Merino estima necesario diseñar estrategias para el resguardo de granos de diversas variedades de maíz, frijol y calabaza, enfatizando la organización de redes basadas en el intercambio.
Finalmente, Palestina Llamas Guzmán, doctora en Ciencias de la Sostenibilidad por la UNAM, explicó que las redes de intercambio de semillas engloban prácticas, técnicas y conocimientos de agricultores para adquirir, recambiar, recuperar, experimentar o introducir nuevas variedades. En el caso de agricultores de Ixtenco y Huamantla, Tlaxcala, las pérdidas de estos insumos se deben principalmente a heladas y sequías, lo que subraya la importancia de mantener las redes de intercambio.
Llamas Guzmán sugirió que los custodios nodales de estas semillas, quienes participan en redes con agricultores, mercaderes y casas de semillas, pueden ser incluidos en proyectos de conservación de la agrobiodiversidad y recibir apoyo para las ferias de semillas locales que organizan.
