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Reforma a la Ley de Aguas genera rechazo por posibles criminalizaciones al campo

Rechazo a la nueva Ley de Aguas por su posible impacto en productores y gestión del recurso; propone mayor centralización y sanciones severas.

Por Redacción2 min de lectura
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Senadores y productores advierten que la propuesta del Gobierno pone en riesgo derechos históricos y podría afectar la producción agrícola en México.

Durante los últimos meses, diferentes actores del sector agrícola y representantes políticos han manifestado su preocupación frente a la nueva legislación en materia de agua presentada por el gobierno federal. La iniciativa busca regular el uso del recurso en todo el país, pero algunos operadores y legisladores advierten que podría abrir la puerta a sanciones severas y afectar a miles de productores que dependen del agua para sus actividades.

Expertos en temas hídricos consideran que la propuesta del Ejecutivo prioriza una centralización del control institucional, eliminando los órganos de gestión regional y paso a un modelo más controlado desde la instancia federal. Esto, afirman, puede disminuir la participación de los gobiernos locales, productores y especialistas en decisiones que afectan directamente a las cuencas hidrográficas, poniendo en riesgo la gestión comunitaria y la sustentabilidad del recurso.

Una de las preocupaciones más inmediatas es la posibilidad de imponer multas que alcanzan millones de pesos por modificar cauces naturales sin autorización, incluso en casos donde las alteraciones ocurren por eventos naturales como las lluvias intensas. Este enfoque, según analistas, representa una criminalización del trabajo agrícola y una carga adicional para los productores, además de socavar derechos reconocidos por décadas en el país.

Por su parte, quienes defienden la iniciativa argumentan que la regulación busca garantizar el acceso al agua para consumo humano y usos agrícolas, promoviendo un uso racional y equitativo. Sin embargo, críticos señalan que en la práctica, la propuesta podría convertirse en un instrumento para limitar las actividades productivas y concentrar todavía más el control del recurso en manos del Estado.

En respuesta a estas inquietudes, diversos actores están desarrollando una propuesta alternativa que busca balancear la protección del derecho al agua con la conservación del campo y la producción alimentaria. La prioridad, señalan, debe ser un modelo institucional que respete los derechos de las comunidades y fomente una gestión participativa y sustentable.

Las discusiones en torno a la ley continúan, pero lo que queda claro es que cualquier reforma en este ámbito requiere un enfoque responsable, técnico y democrático, que garantice la protección del recurso y los derechos de quienes sustentan la alimentación del país.

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