El sector pesquero atraviesa una de sus peores crisis en décadas, con cifras récord de destrucción de la actividad, afectando a miles de familias y empresas.
En los últimos meses, el sector pesquero experimenta una caída histórica en su actividad, con una reducción aproximada del 83% en la producción durante julio comparado con el mismo periodo del año anterior. Este descenso se refleja en cifras oficiales, que evidencian un desplome en la captura de recursos clave, como el langostino, cuyo volumen se redujo en más del 96% en ese mes, siendo uno de los principales desencadenantes de la crisis global. La disminución en la actividad pesquera también ha provocado la paralización de más de cien embarcaciones y la pérdida de miles de empleos en el sector.
Factores como el incremento en los Derechos Únicos de Extracción, junto con la escalada de costos operativos y conflictos laborales en puertos estratégicos, agravan la situación. En sectores emblemáticos, como Mar del Plata, empresas tradicionales enfrentan dificultades para mantener sus operaciones, anunciando cierres y el pago atrasado de salarios. La provincia ha intentado ofrecer apoyo financiero para sostener las plantas pesqueras, pero muchas, como Ostramar, mantienen la decisión de cerrar, lo que afecta directamente a varias decenas de trabajadores y genera un impacto social significativo.
Este escenario refleja una crisis multifactorial que amenaza la sustentabilidad económica del sector, poniendo en riesgo cadenas productivas y la seguridad alimentaria regional, en un contexto de cambios regulatorios y aumento de costos internacional. La recuperación del sector pesquero requerirá acciones coordinadas que incluyan políticas públicas, inversión y diálogo entre actores para revertir esta tendencia y proteger a las comunidades dependientes de la actividad.
