La reciente administración de Javier Milei ha llevado a una drástica disminución del presupuesto dedicado a universidades en Argentina, con una reducción del 30%. Este ajuste representa el nivel más bajo de financiamiento desde 2006, lo que plantea serias preocupaciones sobre el acceso a la educación superior en el país.
El informe que aborda esta problemática destaca que, a pesar del aumento en la matrícula universitaria durante las últimas dos décadas, el financiamiento por estudiante ha caído a 2,4 millones de pesos, una cifra alarmante que no se había registrado desde al menos 2004. Esto revela una tensión entre el crecimiento de la demanda educativa y la disponibilidad de recursos.
Además, el gobierno ha utilizado la justificación de la falta de recursos para no cumplir con la Ley de Financiamiento Universitario, incluso ante una orden judicial. Existen estimaciones que proyectan un costo fiscal de entre 2,5 y 3,6 billones de pesos para implementar esta ley, lo que ha generado un debate intenso sobre las prioridades del Estado y su capacidad de financiar derechos fundamentales.
El contexto se complica por medidas fiscales recientes, como la modificación del impuesto sobre los Bienes Personales, que podría resultar en una disminución de la recaudación de aproximadamente 0,2% del PIB en 2024 y 2025. Esto plantea preguntas sobre la sostenibilidad del financiamiento educativo y los compromisos del gobierno con la legislación en materia de derechos.
Finalmente, se hace hincapié en la necesidad de analizar las decisiones gubernamentales con transparencia y coherencia. Los derechos a la educación deben ser defendidos con firmeza, y cualquier argumento sobre restricciones presupuestarias debe considerarse con cautela, ya que la situación actual también es el resultado de decisiones previas del propio gobierno.
Con información de minutouno.com

