La mitad de los mexicanos nacidos en pobreza permanecen en la misma condición; la desigualdad y la falta de oportunidades intensifican el problema, sobre todo en regiones like el sur del país.
La persistencia de la pobreza en México continúa siendo un desafío central, con un impacto intergeneracional que evidencia la vulnerabilidad estructural del país. Estudios recientes indican que cerca del 50% de quienes nacen en condiciones de bajos ingresos van a morir en el mismo nivel de privación, subrayando la existencia de una verdadera trampa de pobreza. Este fenómeno se agrava en regiones con menos infraestructura y acceso a servicios básicos, como el sur del territorio nacional, donde la pobreza supera el 55%.
El análisis revela que la movilidad social efectiva aún está lejos de lograrse, ya que las mejoras económicas que logran algunos individuos suelen ser temporales y no implican cambios en la estructura familiar ni en las condiciones que generan desigualdad. La educación y el entorno familiar juegan un papel determinante, ya que más del 75% de las personas cuyos progenitores tienen solo primaria enfrentan mayores obstáculos para acceder a oportunidades.
A pesar de avances moderados en la reducción de la pobreza desde 2017, expertos advierten que solo mediante un aumento sostenido en los ingresos y políticas que fomenten la igualdad de oportunidades se podrá revertir la tendencia y evitar que la pobreza siga siendo una condición de vida perpetua para varias generaciones. La desigualdad en el origen continúa siendo uno de los principales obstáculos para lograr un desarrollo equitativo en el país.
