La guerra entre México y Estados Unidos en 1846 surgió como consecuencia de la anexión de Texas y un incidente en el río Nueces. Este conflicto, que se consideraba un pretexto para la invasión, resultó en la pérdida de más de dos millones de kilómetros cuadrados del territorio mexicano.
El presidente estadounidense James K. Polk utilizó este enfrentamiento como justificación para declarar la guerra a México. La disputa sobre los límites territoriales, que para México permanecían en el río Nueces, y para los estadounidenses se extendían hasta el río Bravo, intensificó las tensiones. La situación se complicó cuando las tropas estadounidenses comenzaron a avanzar y establecerse en el territorio mexicano.
Previo a la guerra, el Departamento de Estado de EE. UU. ya había desplegado agentes en California para recoger información sobre sus recursos. Un informe de 1846 identificó minas valiosas en la región, aumentando aún más el interés en la expansión territorial. Esto evidenció que la ambición por estos territorios iba más allá de simples disputas políticas.
Finalmente, el Congreso estadounidense aprobó la declaración de guerra, alegando invasiones y derramamiento de sangre. Sin embargo, testimonios de soldados como Ulises Grant sugieren que la estrategia era provocar a México para justificar la intervención. La guerra concluyó con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, que obligó a México a ceder vastos territorios, reduciendo su superficie nacional en un 55%.
Las consecuencias de este conflicto perduran en la memoria histórica de ambos países, subrayando la lucha de México por mantener su soberanía frente a las ambiciones expansionistas de Estados Unidos.
Con información de granma.cu

