Proyectos retrasados desde la administración pasada siguen sin culminar, afectando la autosuficiencia en la producción de combustibles y la reducción del uso de combustóleo en México.
La puesta en marcha de las coquizadoras en las refinerías mexicanas, diseñada para transformar residuos pesados en combustibles de mayor valor, continúa en proceso de desarrollo tras varios años de retraso. Estos equipamientos son clave para reducir la dependencia del combustóleo, un subproducto contaminante que representa aproximadamente un tercio de los productos derivados del petróleo en México. La construcción de estas plantas inició en la administración anterior, con avances actuales que superan el 85%, pero aún no tienen una fecha definitiva para su conclusión.
La demora en la finalización de las coquizadoras afecta la estrategia nacional para incrementar la producción de gasolinas y diésel, así como para alcanzar una mayor autosuficiencia en energía. Desde la administración actual, las autoridades han destacado que las obras seguirán su curso, pero las metas iniciales de poner ambas plantas en funcionamiento a fines de 2024 y principios de 2025 no se han cumplido. La inversión en estos proyectos supera los 120,000 millones de pesos, y su retraso también impide una reducción significativa en la generación de residuos nocivos, con implicaciones ecológicas y de salud pública. La dependencia de México en importaciones de combustibles todavía es una realidad que debe enfrentar el sector energético en los próximos años.
