La brecha entre ingresos y gastos de Pemex afectó recursos para otras dependencias y ralentizó proyectos clave en el país.
Durante los primeros diez meses del año, Petróleos Mexicanos (Pemex) generó una diferencia significativa entre sus ingresos y transferencias, provocando un impacto directo en la disponibilidad de recursos públicos. La empresa contribuyó con 204 mil millones de pesos al gobierno, pero recibió aportaciones por 386 mil millones, dejando un saldo negativo de 182 mil millones. Esta discrepancia influyó en la reducción de fondos destinados a diversos programas y proyectos en distintas áreas del sector público.
Además, el gobierno esperaba obtener en ese período 234 mil millones de pesos en ingresos netos provenientes del petróleo, pero la meta no se cumplió, ya que la diferencia fue de 417 mil millones, afectando la planificación presupuestaria. La disminución en los recursos se agravó con ingresos adicionales por impuestos y otras fuentes no petroleras, que en conjunto sumaron 133 mil millones, aún así dejando una diferencia de 284 mil millones en comparación con las expectativas iniciales.
Este déficit tuvo consecuencias palpables en la asignación de presupuestos para áreas esenciales como salud, infraestructura y medio ambiente. La Secretaría de Salud reportó un subejercicio del 26%, equivalente a 15.2 mil millones de pesos. La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes operó con recursos un 29.1% por debajo de lo planificado, recortando 35.8 mil millones, mientras que la Secretaría de Medio Ambiente redujo sus fondos en 11.5 mil millones, un 29.2% menor al previsto.
Expertos señalan que estas restricciones pueden limitar el avance de proyectos clave y afectar la prestación de servicios públicos en diversos ámbitos. La dependencia de Pemex y la gestión de los recursos petroleros siguen siendo factores determinantes en el equilibrio fiscal del país, que enfrenta el reto de diversificar sus fuentes de ingreso y mejorar la eficiencia del gasto público.
