A pesar del incremento en la afluencia durante la temporada de descuentos, el gasto promedio de los consumidores disminuye por la desaceleración económica y la inflación.
El Black Friday, tradicionalmente considerado el pistoletazo de salida para las compras navideñas, se ha convertido en un fenómeno que refleja una tendencia contradictoria en el comportamiento del consumidor. Aunque las estimaciones recientes indican que este año alcanzará niveles récord de visitantes en tiendas y plataformas digitales, los datos muestran que la intención de gastar se ha reducido significativamente. La cifra prevista de gasto medio por persona caerá a aproximadamente 890 dólares, una disminución respecto a los 902 dólares del año anterior, evidenciando una mayor cautela ante las presiones económicas.
Este fenómeno se enmarca en un contexto de creciente incertidumbre económica, marcada por una inflación persistente y un mercado laboral debilitado. La confianza de los consumidores ha registrado su nivel más bajo en varios meses, afectando decisiones de compra de bienes duraderos y artículos de lujo. Adicionalmente, las protestas laborales y las variaciones en los aranceles han contribuido a elevar los precios minoristas, reduciendo el impulso de consumo.
Es importante destacar que, frente a la tendencia de gasto en declive general, un segmento reducido de consumidores con altos ingresos continúa siendo responsable de una porción significativa del gasto total en estos eventos. La preferencia por artículos más económicos y de menor tamaño, como accesorios y prendas asequibles, refleja un cambio en las prioridades y en la capacidad de inversión del público general.
Este comportamiento plantea un desafío para los minoristas, quienes dependen en gran medida de las ventas en diciembre para cerrar un año rentable. La estrategia de las empresas ahora incluye enfocarse en productos de menor valor pero más atractivos, y en captar la atención de los consumidores más cautelosos para garantizar un cierre de temporada exitoso.
