La incorporación masiva de afiliados y la creación de comités seccionales posicionan al partido como la organización más extensa en México.
El partido Morena ha iniciado una fase de expansión significativa en su organización interna, enfocada en fortalecer su base de apoyo para las próximas elecciones. La estrategia principal incluye una campaña de afiliación masiva que ha logrado superar los siete millones de registros en solo unos meses, logrando un récord en participación en un contexto donde otros partidos enfrentan baja interés de sus militantes. Al mismo tiempo, se están formando 71,541 comités seccionales en todo el país, estableciendo una estructura territorial sólida que podría cubrir aproximadamente el 90% del territorio mexicano. Este proceso responde al anhelo de consolidar una organización política robusta, que ha sido un objetivo del fundador del movimiento desde hace más de dos décadas. En particular, la creación de comités en diversas secciones electorales busca mantener presencia activa en casi todos los municipios y regiones, una estrategia que supera las capacidades de otros partidos tradicionales como el PRI o el PAN, cuyos esquemas de organización resultan menos extendidos y menos integrados. La fortaleza institucional de Morena, en contraste, refleja una tendencia en América Latina hacia la estructuración de partidos con fuerte presencia territorial y vitalidad en la militancia, incluso si en el pasado se criticaba su carácter desinstitucionalizado. La consolidación de esta estructura no solo promete consolidar su influencia política, sino que también presenta un desafío interno: evitar fracturas que puedan afectar su unidad en medio de procesos electorales próximos. En definitiva, Morena se posiciona como un actor clave en el escenario político mexicano, con una presencia organizativa que marcas límites a la competencia y redefine las formas de movilización en la política del país.
