El despliegue federal en Michoacán deja saldo de muertes y violencia en medio de esfuerzos por reducir la inseguridad generada por células criminales. El pasado lunes, Michoacán vivió una jornada marcada por enfrentamientos violentos tras una operación conjunta de fuerzas federales y estatales para capturar a líderes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). La intervención se concentró en la detención de Ángel Chávez Ponce, apodado "el Camaleón", quien tiene vínculos con grupos paramilitares y está considerado uno de los principales generadores de violencia en la región. La operación resultó en la muerte de dos personas, narcobloqueos y disturbios en más de 16 municipios, involucrando a elementos de la Secretaría de Seguridad Pública, la Defensa, la Marina, la Guardia Nacional y la Fiscalía. Chávez Ponce, con antecedentes en Los Viagras y Pueblos Unidos, fue detenido en 2024 por su implicación en el homicidio de una comisaria en Pátzcuaro, pero posteriormente recuperó su libertad. Operaciones recientes también apuntan a la captura de otros criminales, como Rigoberto López Mendoza, alias "Plátano", vinculado a la extorsión a productores de limón y al mando de una célula del CJNG. La escalada en la violencia se produce en un contexto de cambios en la estrategia de seguridad estatal, con la incorporación de un nuevo titular de la dependencia, José Antonio Cruz. La situación refleja la persistente dificultad para mantener la paz en la región, agravada por la presencia de organizaciones criminales activas en varios municipios. Este escenario ocurre en medio de esfuerzos por esclarecer crímenes recientes vinculados a líderes locales, como el asesinato del líder limonero Bernardo Bravo, lo que reafirma la complejidad de los conflictos en Michoacán y la necesidad de una estrategia integral para contener la violencia.
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