La dependencia de importaciones de maíz y granos básicos pone en riesgo la seguridad alimentaria y la autonomía del país frente a amenazas externas. La producción de maíz en México constituye un patrimonio cultural y estratégico que enfrenta amenazas crecientes por la proliferación de patentes y registros de variedades genéticamente modificadas. La historia milenaria de los pueblos indígenas de Mesoamérica ha dado lugar a una diversidad de más de sesenta variedades adaptadas a distintas regiones, pero hoy en día este legado está en riesgo de ser homologado y privatizado por intereses comerciales internacionales. La globalización y los acuerdos internacionales han reducido la capacidad de decisión del país sobre sus propios recursos agrícolas, limitando su soberanía alimentaria y aumentando su dependencia de las importaciones; en 2016, casi un tercio del maíz consumido en México era importado, cifra que ha crecido notablemente en los últimos años. La situación se agrava con la competencia global, como en el caso de las disputas comerciales entre Estados Unidos y China o los obstáculos impuestos a la India, lo que pone en jaque la autosuficiencia alimentaria. Para garantizar la seguridad y autonomía en la producción de alimentos básicos, México debe impulsar políticas que recuperen su soberanía alimentaria, fortalecer la producción interna y reducir la dependencia de insumos foráneos, en especial en un contexto de tensiones internacionales que amenazan la estabilidad del campo nacional.
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