Desde abril, el país mantiene el IEPS en su nivel máximo durante 27 semanas consecutivas, afectando los precios al consumidor. En octubre, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público anunció la continuidad de los estímulos fiscales en combustibles, manteniendo el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) en el tope durante una semana más. Desde el 11 de abril pasado, esta medida implica que el impuesto sobre la gasolina y el diésel no ha tenido estímulo alguno, resultando en un escenario en el que los precios internos se mantienen elevados para los consumidores. Este período de siete meses sin reducir los impuestos refleja una estrategia del gobierno para estabilizar los ingresos fiscales en el sector energético. Actualmente, el impuesto por litro de gasolina Magna es de aproximadamente 6.45 pesos, sin estímulo fiscal, mientras que en la gasolina Premium y el diésel las cuotas son similares. La medida se ha implementado en un contexto donde la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene acuerdos con empresas gasolineras para que el litro de gasolina regular no supere los 24 pesos en algunas estaciones, aunque en la mayoría de las regiones esos precios todavía se ven afectados por los impuestos. A nivel internacional, la atención en el precio de los combustibles también considera factores como los costos de producción, infraestructura logística y fluctuaciones del mercado, que influyen en el precio final en las estaciones de servicio. Las zonas fronterizas con Estados Unidos y Guatemala disfrutan de estímulos especiales que modulan los precios en esas regiones, en línea con políticas de apoyo particular. El estímulo fiscal en combustibles busca aliviar la carga impositiva en momentos de altas volatilidades del petróleo, adaptándose a las condiciones del mercado para evitar encarecimientos extremos. La permanencia de estos niveles maximiza los ingresos del gobierno, aunque repercute en los costos diarios de los consumidores mexicanos.
