Cada vez más mexicanos recurren a empleos adicionales para enfrentar el aumento de precios y la pobreza laboral, evidenciando retos estructurales en el mercado laboral.
En México, una proporción significativa de la población trabaja múltiples empleos para alcanzar un nivel de ingreso que cubra sus necesidades básicas. Datos recientes indican que más de 4.3 millones de personas en situación de subocupación buscan trabajar más horas, reflejando un ingreso insuficiente que obliga a los trabajadores a extender sus jornadas laborales. A nivel general, aproximadamente el 67% de la fuerza laboral, equivalente a cerca de 33 millones de personas, percibe salarios que no alcanzan para adquirir dos canastas básicas mensuales, lo cual evidencia una persistente pobreza laboral en el país. La situación se ha agravado con el aumento en los precios de bienes y servicios, reduciendo aún más el poder adquisitivo de la población. Esta realidad lleva a quienes ya tienen empleo formal o informal a buscar fuentes adicionales de ingreso, muchas veces en actividades como el transporte privado. La historia de personas como Alberto Cruz, quien trabaja en una fábrica y conduce Uber por las noches, ejemplifica esta tendencia de doble ingreso, impulsada por la necesidad de sobrevivir en un contexto económico desafiante. Es importante entender que, aunque el incremento en el salario mínimo ha apoyado a reducir la pobreza laboral, la inflación y la baja remuneración en profesiones especializadas mantienen a una gran parte de la población en una situación precaria, poniendo de manifiesto la necesidad de reformas estructurales en el mercado laboral mexicano.
