Profesionales del INR denuncian acoso laboral,缺 recursos y deterioro en la atención a pacientes, reflejando una crisis interna en el organismo.
El personal médico del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) ha comenzado a abandonar sus cargos debido a un ambiente laboral hostil y la falta de infraestructura adecuada. Entre los casos más relevantes, un cirujano plástico con 14 años en la institución decidió renunciar tras haber sido víctima de acoso laboral por parte del director administrativo, Humberto Moheno Diez. Los testimonios indican que la violencia en el entorno laboral incluyó amenazas, difamaciones y gestiones que afectaron su desempeño y bienestar, situación que ha llevado a otros colegas a seguir su ejemplo.
El contexto de estas denuncias revela una problemática estructural en la gestión del instituto, con varios empleados señalando que las denuncias formales han sido ignoradas o bloqueadas desde instancias superiores. La presencia de un conflicto de intereses en los mecanismos internos, como el Comité de Ética, ha dificultado la protección de los derechos del personal, generando un clima de impunidad y desconfianza. Además, la escasez de recursos y medicinas ha afectado la calidad de atención a los pacientes, situación que empeora ante la falta de insumos básicos y apoyo institucional.
Este deterioro en las condiciones laborales y operativas del INR refleja una problemática más amplia en el sistema de salud pública del país, donde presupuestos asignados, que en 2025 alcanzaron aproximadamente dos mil millones de pesos, no alcanzan para cubrir las necesidades reales de infraestructura y personal. La situación pone en jaque la continuidad de programas de formación y atención especializada, incrementando la crisis en un organismo clave para la rehabilitación y recuperación de pacientes con discapacidad.
