Economistas advierten que aumentar demasiado el salario puede afectar la creación de empleos y la inflación, en un contexto de presión en sectores informales y pequeñas empresas.
El aumento al salario mínimo en México enfrenta un posible tope que podría impactar negativamente en la economía. Aunque en algunas regiones como la frontera norte ya se alcanzó el objetivo de cubrir dos canastas básicas, los expertos señalan que continuar con incrementos elevados puede limitar la creación de empleos formales y elevar la inflación.
El crecimiento de los costos laborales, si supera la productividad, presiona la estructura de costos de las empresas, especialmente las de menor tamaño, que representan la mayoría del mercado laboral informal. La productividad laboral ha registrado un retroceso a niveles cercanos a los de 2018, mientras que la informalidad sigue en aumento, alcanzando aproximadamente el 55% del total de empleados en el país.
Economistas advierten que el incremento del salario mínimo en sectores de baja rentabilidad, como agricultura y comercio informal, puede reducir márgenes y fomentar la automatización o incluso mayor informalidad. Además, el encarecimiento de los salarios tiene repercusiones en los precios, contribuyendo a una inflación que, según proyecciones, podría llegar a 4.5% en 2026, presionada por ajustes en tributos y salarios.
El gobierno ha reiterado su intención de continuar con aumentos sustanciales, buscando que el salario mínimo supere la inflación y asegure una recuperación del poder adquisitivo. Sin embargo, expertos recomiendan una estrategia diferenciada, ajustando el salario mínimo en función del sector y la región, para evitar afectaciones en la inversión y el empleo formal.
Este escenario subraya la importancia de equilibrar políticas salariales con la competitividad del país, particularmente en zonas fronterizas y sectores con menor capacidad de absorción de costos laborales, para garantizar un crecimiento sostenible y justo.
