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Líder citrícola en Michoacán habría solicitado ayuda federal antes de su asesinato

La víctima, líder citrícola en Michoacán, habría pedido ayuda federal antes de ser asesinado, en medio de una creciente crisis de inseguridad en Tierra Caliente.

Por Redacción2 min de lectura
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La figura de Bernardo Bravo Manríquez, activista y presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán, fue víctima de violencia en medio de una creciente crisis de inseguridad en Tierra Caliente, donde las extorsiones y disputas entre cárteles han afectado al sector agrícola.

El asesinato de Bernardo Bravo Manríquez, reconocido líder del gremio citrícola en Apatzingán, Michoacán, ha provocado una nueva crisis en la región de Tierra Caliente, zona altamente afectada por la presencia del crimen organizado. Como presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán, Bravo Manríquez fue un activista que denunció públicamente las extorsiones que grupos delictivos imponían a los productores locales, enfrentando amenazas y un clima de violencia constante.

Antes de su muerte, se reportó que Bravo Manríquez mantuvo comunicación con autoridades federales, en busca de protección y apoyo ante las amenazas recibidas y las constantes presiones para que cesara en sus denuncias. La región, que destaca por ser uno de los principales polos de producción de limón a nivel nacional, ha visto agravarse su situación de inseguridad debido a la disputa territorial entre diferentes cárteles, lo que ha resultado en impactos directos en los precios, en la operación agrícola y en empleos rurales, incluso provocando paros de actividades.

El cuerpo de Bravo Manríquez fue hallado en el interior de su vehículo en días recientes, una situación que las autoridades locales atribuyen a un acto deliberado. La Fiscalía del Estado informó la detención de un sospechoso, identificado como Rigoberto “N”, quien sería involucrado en la extorsión y en el hecho delictivo que terminó con la vida del dirigente citrícola. La situación revela la urgencia de fortalecer las medidas de protección para los líderes del campo en zonas de alta conflictividad y resalta la gravedad de la violencia que azota a comunidades agrícolas en Michoacán.

Este acontecimiento evidencia cómo la violencia y la impunidad amenazan tanto la seguridad de los actores del sector agrícola como la estabilidad económica de una de las regiones clave para la producción de cítricos en México.

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