La presencialidad en las sesiones legislativas continúa en debate, mientras las conductas de algunos diputados generan cuestionamientos sobre la seriedad del Congreso mexicano.
En los últimos días, la dinámica del Congreso de la Unión ha sido marcada por una marcada presencia de ausencias y comportamientos llamativos que despiertan críticas sobre la responsabilidad de los legisladores. Desde el inicio de las sesiones semipresenciales en 2020 debido a la pandemia de COVID-19, las reuniones en los recintos legislativos han mostrado una tendencia a la inasistencia, con algunos diputados participando desde camionetas, canchas deportivas o en modo virtual, lo que ha evidenciado una falta de compromiso con la tarea legislativa.
Estas conductas se han intensificado en momentos clave, como durante la discusión del Paquete Económico, en la cual solo 16 de 128 legisladores estaban presentes físicamente. Además, diversos legisladores han sido vistos realizando actividades ajenas a su función, generando cuestionamientos sobre las prioridades de quienes ocupan cargos públicos en un escenario de crisis y cambios sociales profundos. La presencia de diputados ausentes o distraídos también ha estado acompañada de incidentes polémicos, como el caso de un legislador que, en una sesión remota, fue captado jugando pádel con su cámara encendida en medio del debate.
Recientemente, un episodio en el que un legislador se limitó a prender su cámara para registrar su asistencia mientras jugaba un partido fue muy comentado. A ello se suman comportamientos alegres o improvisados, como bailar en medio de sesiones relevantes, lo que ha aparejado reproches internos y la cancelación de eventos culturales programados en la Cámara de Diputados, considerados como un indicio de falta de respeto hacia el trabajo legislativo.
El coordinador de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, llamó a sus pares a recuperar el respeto por la labor parlamentaria, promoviendo mayor presencialidad y compromiso en las sesiones. En contraste, en el Senado ya avanzan en la regulación del trabajo a distancia, permitiendo reuniones semipresenciales en ciertos casos, lo que refleja una postura más flexible hacia los modos de participación legislativa en medio de las dificultades actuales.
Este escenario pone en juego el prestigio del poder legislativo en México y evidencia la necesidad de fortalecer los valores de compromiso y responsabilidad en el ejercicio del servicio público.
