Diez años después, el sector privado lidera la transición climática, enfocándose en escalabilidad, innovación y movilización de recursos para alcanzar metas globales.
En la última década, la inversión en energías renovables ha alcanzado cifras cercanas a diez billones de dólares, contribuyendo a mitigar escenarios de aumento de temperatura que superaban los 4°C respecto a niveles preindustriales. A pesar de estos avances, la brecha financiera persiste: el compromiso de proporcionar 100 mil millones de dólares anuales a países vulnerables llega con retraso y resulta insuficiente para alcanzar la meta de 300 mil millones al 2035. La transformación del escenario climático exige mayor coordinación entre actores; nuevos modelos como “transacciones para transiciones” buscan movilizar fondos privados y acelerar tecnologías críticas, incluyendo soluciones para captura de carbono y energías sostenibles. La transición ya no depende exclusivamente de decisiones gubernamentales, sino del compromiso activo de empresas y sus consejos, quienes deben impulsar innovación, integrar la naturaleza en sus estrategias y adaptarse a nuevos mecanismos de mercado, como los créditos de carbono. La próxima cumbre COP30 en Belém, situada en la Amazonía, subraya la urgencia y la oportunidad de acelerar acciones concretas que frenen el calentamiento global, aprovechar la naturaleza como infraestructura esencial y garantizar que la economía verde siga creciendo en escala y rapidez. En este contexto, la participación empresarial y un liderazgo definido serán decisivos para cerrar la brecha entre promesas y resultados tangibles.
