Diversas entidades mexicanas empiezan a usar tecnologías de videovigilancia avanzada para reducir delitos y optimizar respuestas policíacas. La adopción de soluciones tecnológicas basadas en inteligencia artificial (IA) en el ámbito de la seguridad pública ha avanzado en varias regiones de México, logrando notables resultados en la vigilancia y control del delito. En Michoacán, el Centro de Control, Comando, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) incorporó sistemas de análisis automatizado de videos, lo que permitió reducir en un 10% los índices delictivos como robos de vehículos y hurtos en diferentes modalidades durante el último año. Este centro de monitoreo utiliza inteligencia artificial para detectar objetos sospechosos y rastrear vehículos con reporte de robo en tiempo real, facilitando una respuesta policial rápida. Asimismo, en la ciudad de Morelia, se han llevado a cabo operaciones de reconocimiento facial en eventos masivos para localizar a personas vinculadas con investigaciones criminales o reportadas como desaparecidas, en multitudes que superan las 50,000 asistentes. Algunos sistemas tecnológicos también posibilitan el reconocimiento de hasta medio millón de placas vehiculares, integrando información en plataformas exclusivas para la seguridad estatal. Cuando se detecta un vehículo con reporte de robo, el sistema genera una alerta inmediata y coordina la intervención policial, logrando en ocasiones detenciones en cuestión de minutos. Otros estados, como Chiapas y Tamaulipas, comienzan a replicar estos modelos, fortaleciendo sus capacidades mediante alianzas público-privadas y conectividad con cámaras del sector privado, incluyendo puntos estratégicos en zonas concurridas. En la Ciudad de México se trabaja en la integración de diferentes plataformas de videovigilancia, incluyendo cámaras de tiendas y puntos de alta afluencia, con el objetivo de convertir la capital en la urbe más vigilada del continente. Con un plan de expansión y modernizac
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