Expertos destacan que la IA mejora diagnósticos y atención, pero no reemplaza la labor médica y requiere regulación para evitar mal uso y riesgos para pacientes.
La incorporación de la inteligencia artificial (IA) en el sector salud en México ha representado un avance significativo en la precisión diagnóstica y la optimización de procesos médicos. Sin embargo, especialistas aclaran que esta tecnología no sustituye la labor de los profesionales de la salud y que su correcto uso requiere de una regulación estricta para evitar diagnósticos erróneos o automedicación. La IA ha sido implementada en hospitales como el Civil de Morelia, para fortalecer estudios como la mastografía, permitiendo comparar resultados y mejorar la detección temprana de cáncer de mama. No obstante, también se ha advertido que muchos pacientes confían excesivamente en esta tecnología, solicitando atenciones y tratamientos sin la adecuada revisión clínica, lo que puede derivar en acciones peligrosas.
El uso de algoritmos en diagnósticos y recomendaciones terapéuticas conlleva el riesgo de automedicación o malinterpretación de síntomas, especialmente frente a la falta de vigilancia sanitaria. En emergencias médicas, la mayoría de las consultas son por casos verdaderos, pero una quinta parte corresponde a solicitudes de pacientes que confunden los resultados de la IA con diagnósticos concluyentes. A nivel psicológico, en particular entre adolescentes, el impacto de la IA genera dependencias emocionales y relaciones simuladas que pueden afectar su salud mental, poniendo en evidencia la necesidad de un acompañamiento profesional. Los expertos coinciden en que la inteligencia artificial debe considerarse una herramienta complementaria que agilice los procesos, pero nunca un sustituto del ejercicio clínico y humano, cuya calidad dependerá de regulaciones y de una conciencia pública informada sobre sus riesgos y beneficios.
Este fenómeno refleja una tendencia global donde la integración de tecnologías avanzadas en salud requiere equilibrar innovación con ética, protección al paciente y participación de la comunidad para garantizar beneficios reales sin poner en riesgo la integridad física y emocional de las personas.
