La inseguridad y la delincuencia organizada elevan la extorsión y el cobro de piso, afectando a miles de tiendas en todo el país, en un contexto económico difícil. En México, el sector de los pequeños comercios enfrenta una escalada en las prácticas delictivas que impactan su rentabilidad y estabilidad. La inseguridad ha llevado a que muchos comerciantes sean forzados a pagar extorsiones que alcanzan los 500 pesos diarios, además de pagar cobros de piso que representan hasta el 25% de sus utilidades mensuales. Zonas como el Estado de México, Tamaulipas, Zacatecas y Oaxaca registran aumentos significativos en estos delitos, mientras que regiones como Mérida y Aguascalientes mantienen índices más bajos. Este panorama refleja un problema que, lejos de ser aislado, se ha convertido en una realidad aceptada como parte del entorno cotidiano, agravado por la violencia que permea en distintas regiones del país. La percepción general de los pequeños propietarios señala que estos delitos son una constante en su día a día, enfrentándose también a delitos menores como el robo hormiga y asaltos, según datos de una reciente encuesta de la Asociación Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec). El impacto va más allá de la inseguridad. Los pequeños negocios atraviesan un “triple golpe” económico derivado de la inflación, que aumenta costos, reduce márgenes y disminuye el consumo. La inflación en México alcanzó un 3.61% en noviembre de 2023, lo que ha provocado que muchos comerciantes ajusten precios, reduzcan inventarios y operen con márgenes cada vez más reducidos. La mayoría trabaja largas horas, muchos en condiciones precarias, y la actividad del pequeño comercio se mantiene como un pilar crucial para sustentar la economía familiar y local, a pesar de las adversidades. De cara a 2026, los analistas advierten un escenario difícil, marcado por mayores amenazas a la seguridad, inflación persistente y desabasto estimado de productos, además de una percepción negativa sobre la colabor
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