La reciente alza en precios refleja el impacto del fin de los apoyos de verano y mantiene la tendencia de desaceleración anual, señalando posibles ajustes en la política monetaria.
La inflación en México mostró un incremento de 0.47% en la primera quincena de noviembre, impulsada principalmente por el componente no subyacente, que refleja movimientos de precios inmediatos. Este repunte se atribuye a la terminación del subsidio a las tarifas eléctricas de temporada, lo que provocó un aumento del 20.70% en los costos de electricidad en varias ciudades del país.
El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una variación anual del 3.61%, aún dentro del rango objetivo establecido por el Banco de México, que busca mantener la estabilidad de precios en un contexto de desaceleración económica. El análisis del economista principal de Bankaool señala que los precios de la electricidad y otros servicios asociados al transporte y la alimentación contribuyeron al aumento, mientras que algunos productos alcohólicos mostraron reducciones.
Este comportamiento refleja una tendencia en la que la inflación general continúa moderándose, aunque la inflación subyacente —que mide tendencias de mediano plazo— mantiene cierta resistencia, con un incremento mínimo del 0.04%. La persistencia de presiones en energéticos y servicios al consumo mantiene abierta la posibilidad de ajustes en la política de tasas de interés, con un probable recorte en la próxima decisión del Banco de México en diciembre. La especialista destaca que estos datos coinciden con sus predicciones previas, que anticipan una política monetaria cuidadosa de cara a 2025, ante la persistencia de algunos focos de inflación.
Este escenario económico invita a seguir de cerca los movimientos en energéticos y tarifas, pues tienen un impacto directo en la economía familiar y en las decisiones de política monetaria del país.
