Ciudad de Panamá, Panamá. – El retablo mayor de la Catedral Basílica Santa María la Antigua es un testigo de la historia de Panamá y una obra de arte que ha sobrevivido a incendios y desastres. Su importancia se redimensiona con la llegada de la Semana Santa 2026, cuando turistas y fieles se acercan al templo.
Una investigación realizada por la historiadora Wendy Tribaldos, plasmada en su libro “Tras la pista del retablo mayor de la Catedral de Panamá”, desvela que el retablo tiene una historia más compleja de lo que se ha creído. A pesar de considerarse concluido durante el obispado de Manuel Joaquín González de Acuña, se evidencia que su construcción comenzó antes y se extendió a lo largo de varias administraciones.
El retablo, que parece estar hecho de mármol, es en realidad de caoba, una madera local. Este diseño se realizó para cumplir con regulaciones impuestas desde España, que prohibían la construcción de retablos barrocos considerados ostentosos. Para lograr una apariencia de mármol sin contradecir estas órdenes, se utilizó un recubrimiento ingenioso de yeso y pintura.
En la restauración de 2018, no solo se reveló el pan de oro original, sino que también se hallaron nidos de abejas orquídea en su interior. Este hallazgo proporcionó a los científicos del Instituto Smithsonian datos sobre la vegetación panameña del siglo XIX a partir de granos de polen extraídos.
El retablo es una obra viva que ha experimentado transformaciones a lo largo del tiempo. Hoy, se destaca como un recordatorio de la importancia de proteger el patrimonio nacional. La obra de Tribaldos subraya que cuidar la historia debe ir más allá de admirarla; es necesario investigarla y cuestionarla para entender su contexto y legado.

