La llegada a Veracruz en 1902 de Julián Slim, quien huyó del Imperio Otomano, sentó las bases de un imperio familiar que hoy perdura en México.
En 1902, un joven de 14 años proveniente del Líbano arribó al puerto de Veracruz con el firme propósito de escapar del reclutamiento forzoso del Imperio Otomano, que en esa época obligaba a muchos a alistarse en su ejército. Sin hablar español y con una maleta llena de esperanzas, Julián Slim Haddad se trasladó a Tampico, donde residían sus hermanos mayores. Desde ese momento, inició una nueva etapa en México, decidido a construir un futuro próspero.
Su perseverancia lo llevó a fundar en 1904 una mercería en el centro de la Ciudad de México junto a su hermano mayor, con un capital inicial de 25,800 pesos. La disciplina y el sentido empresarial permitieron que, en pocos años, su tienda alcanzara un valor superior a los 100,000 dólares, consolidándose como un ejemplo de éxito en la economía local. La historia familiar sigue con la llegada de la esposa de Julián, Linda Helú, también migrante libanesa, y el nacimiento de su hijo Carlos Slim Helú en 1940, quien heredó el espíritu emprendedor de sus padres. Hoje, la familia ha desarrollado un imperio empresarial que continúa siendo uno de los más importantes en México, donde la perseverancia y el trabajo aguerrido marcaron el camino desde los primeros pasos de un migrante que llegó con sueños de prosperidad.
Este relato no solo refleja la historia de una familia, sino también muestra cómo las historias de migración y esfuerzo forjaron uno de los legados económicos más significativos en México. La historia de Julián Slim es un ejemplo claro de cómo la determinación y el trabajo duro pueden transformar vidas y dejar un impacto duradero en un país.
