Con programas de justicia social, actividades culturales y control de armamento, el gobierno refuerza la política de seguridad comunitaria en todo el país.
En un esfuerzo coordinado por consolidar la paz y reducir la violencia, el gobierno mexicano llevó a cabo una serie de acciones sociales y de seguridad que beneficiaron a más de 4.6 millones de habitantes en diversos municipios del país. Estas iniciativas, que abarcan atención domiciliaria, programas culturales, deportivos y de prevención, refuerzan la estrategia de justicia social y desarrollo comunitario, pilares fundamentales para la convivencia armónica.
Durante el ciclo de intervenciones territoriales, se atendieron más de 3 millones de personas en visitas casa por casa, además de realizar 404 Ferias de Paz con servicios de distintas órdenes de gobierno. También se formaron 338 Comités de Paz en áreas prioritarias y se recuperaron 306 espacios públicos como parques, senderos y canchas, fomentando espacios seguros y participativos para las comunidades.
En materia de cultura y deporte, se llevaron a cabo más de 19 mil actividades deportivas con la participación de 1.6 millones de asistentes y 79 competencias con 77 mil atletas. Además, se organizaron eventos culturales masivos, como conciertos en Tijuana y Juárez, que promueven la integración social y el sentido de comunidad.
Asimismo, se efectuaron programas sociales como IMSS Bienestar, con 56 mil atenciones médicas en zonas rurales, y Jóvenes Construyendo el Futuro, que integró a más de 1,800 jóvenes en oportunidades laborales. Destaca también la entrega de 34 viviendas a familias desplazadas y la distribución de 25 millones de cartillas de derechos a través de entidades como la Secretaría de Mujeres.
El control de armas y la prevención del delito continúan en la agenda gubernamental, evidenciándose en el canje de más de 8,700 armas de fuego y granadas, así como en intercambios de juguetes bélicos por didácticos. La estrategia de paz se sustenta en el trabajo comunitario y en acciones cotidianas que buscan fortalecer la convivencia social, reconociendo que la verdadera seguridad proviene del respeto y la participación activa de las comunidades.
El contexto actual evidencia que la construcción de una paz duradera requiere esfuerzos integrados en sanación social, atención a víctimas y prevención, elementos que los programas recientes reflejan con énfasis y resultados significativos.
