Quito, Ecuador. – La feria Jesús del Gran Poder, un evento emblemático que atraía turistas y afluencia económica a la ciudad, se encuentra en un declive desde que las corridas de toros fueron prohibidas en el cantón. Esta restricción ha limitado el disfrute de tradiciones taurinas que solían ser un importante atractivo cultural.
Desde la eliminación de la feria en 2008, los aficionados han experimentado un vacío en la celebración. Sin embargo, aún pueden disfrutar de corridas en cantones cercanos como Machachi y Cayambe, lo que plantea el dilema de que la cultura taurina continúa en otras áreas pero excluye a la capital. La situación genera un contraste difícil de ignorar para los apasionados del arte taurino.
El impacto va más allá de la cancelación de un evento. Antes de la prohibición, la feria Jesús del Gran Poder estimulaba el turismo, beneficiando a hoteles, restaurantes y el transporte local. La llegada de visitantes internacionales de naciones como España y México impulsaba el comercio y generaba empleos, todo parte de la economía local ligada a las festividades taurinas.
Recientemente, en un evento en Sevilla, el torero José Antonio Morante de la Puebla logró una actuación memorable que dejó a los espectadores cautivados, revitalizando el debate sobre la prohibición en Quito. La cultura del toreo, con su legado y tradición, sigue viva en el corazón de muchos ecuatorianos, quienes esperan que la discusión sobre su retorno tome fuerza.
A medida que la comunidad taurina analiza cómo avanza la situación, los próximos meses podrían traer nuevas reflexiones sobre la reactivación de la feria. Muchos abogan por un diálogo que reconsidere la importancia de eventos culturales que no solo entretienen, sino que también benefician la economía local.

