Ciudad de México. – La falla de San Andrés, una compleja fractura tectónica, se extiende a lo largo de aproximadamente 1,200 kilómetros y juega un papel crucial en la geología de la región, marcando el límite entre la Placa del Pacífico y la Placa de Norteamérica.
Clasificada por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) como una falla transformante de desplazamiento lateral derecho, su movimiento anual estimado oscila entre 20 y 35 milímetros. Esta actividad acumulativa de tensión es la responsable de generar eventos sísmicos significativos, como los registrados en 1857 y 1906, ambos con magnitudes cercanas a 7.8.
El origen de esta falla se remonta a hace 15 a 20 millones de años, y su estructura no es una línea única, sino un sistema de múltiples ramificaciones y zonas rocosas fracturadas. Su profundidad alcanza hasta 15 kilómetros.
Geográficamente, la falla inicia cerca del Mar de Salton, en el sur de California, adyacente a la frontera con Baja California, y se dirige hacia el noroeste hasta Cabo Mendocino. En su trayecto, atraviesa o se acerca a comunidades como Bombay Beach, Indio, Banning, Parkfield y San Francisco, así como a áreas metropolitanas como Los Ángeles y San Bernardino.
Las proyecciones sobre la activación de la falla son alarmantes. El escenario oficial ShakeOut del USGS, ante un sismo de magnitud 7.8 en el segmento sur, prevé más de 1,800 decesos, 53,000 heridos, alrededor de 1,600 incendios y daños considerables en viviendas. El segmento sur, que no ha liberado tensión desde 1857, es el que concentra mayor atención por su potencial sísmico.
