La violencia y la impunidad complican la lucha contra la extorsión en el sector agrícola de Michoacán, donde productores enfrentan amenazas constantes.
En los últimos años, la extorsión se ha consolidado como uno de los delitos más prevalentes en la región de Michoacán, especialmente en el sector agrícola. La reciente muerte de Bernardo Bravo, un reconocido líder limonero de Apatzingán, marca un agravamiento en el clima de violencia y miedo que enfrentan los productores. Antes de ser asesinado, Bravo había denunciado amenazas por parte de grupos delictivos que extorsionan a los agricultores, cobrando por cada kilo o tonelada de fruta bajo amenazas de daño o muerte para quienes se nieguen a pagar. La situación ha generado una carga adicional para los productores, quienes consideran que la extorsión actúa como un doble impuesto, junto con las obligaciones fiscales impuestas por el gobierno. La problemática ha llevado a que algunos inspectores relacionados con permisos de exportación también hayan sido víctimas de violencia, evidenciando la gravedad del fenómeno.
La extorsión en Michoacán ha experimentado un incremento notable en la última década, con fenómenos que reflejan la fuerte presencia de organizaciones criminales en el sector agrícola. La preocupación crece ante la impunidad y la percepción de que las instituciones policiales actúan con lentitud o complicidad, lo cual dificulta la protección efectiva de las víctimas. Aunque en días recientes se reportaron detenciones de presuntos responsables vinculados a grupos como “los blancos de Troya” y miembros del Cártel de Jalisco Nueva Generación, el cansancio y la incertidumbre persisten entre los productores, quienes cuestionan si las acciones policiales son resultado de una voluntad real de combate y justicia.
El reto de fortalecer las leyes para perseguir estos delitos es central en una agenda legislativa que busca incrementar las penas y que la extorsión sea perseguida de oficio. Estas medidas pretenden reducir la impunidad y evitar que criminales continúen operando con impunidad en zonas rurales y agrícolas. La lucha contra la extorsión requiere un compromiso transversal entre las autoridades, los sectores productivos y la sociedad civil, para garantizar un ambiente de seguridad y desarrollo para los agricultores y sus comunidades.
